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Vida cultural del barrio


     La vida cultural del Segundo Barrio ha sido siempre intensa, aunque a ojos de los extraños no lo parezca. Y para muestra hay muchos botones: desde los hermosos murales que hablan del orgullo de pertenecer al barrio más antiguo de la ciudad hasta el sorprendente número de artistas que aquí nacieron y hoy son reconocidos a nivel nacional y mundial.

Lalo Delgado, poeta

     Creadores en cada generación de la talla de Manuel Acosta, José Antonio Burciaga, José Luis Jiménez, Carlos Callejo. Escritores geniales del calibre de Mariano Azuela, Lalo Delgado, Ricardo Sánchez, Gloria López-Stafford, Carlos Muñoz y tantos otros. Todos ellos comprometidos con su gente, decididos a mostrar al mundo una visión extraordinaria de la vida que sólo pudo surgir desde El Segundo Barrio.

     Quizás la tradición se hizo visible con Mariano Azuela, quien se refugió a principios del siglo XX en la calle Oregon número 609 para escribir la primera novela de la Revolución Mexicana, Los de Abajo. En 1915, Azuela trabajó fervientemente en su texto que habla de la vida, sueños y aspiraciones de los pobres en su lucha contra la dictadura de Porfirio Díaz. Azuela seguramente escuchaba las campanadas de la Iglesia del Sagrado Corazón, tal vez sin imaginarse que su novela sería leída, disfrutada y estudiada en todo el mundo años después.

     Más tarde, en 1969, Lalo Delgado también escribió con rebeldía poética. “América Estúpida” es uno de sus poemas en los que su voz se eleva contra la represión y el racismo materializado en las escuelas segregadas. Pero Lalo no solamente protestó con su arte, en 1968 inició una huelga de hambre que duró 30 días. Él afirmaba que hacía un sacrificio “para que los niños del sur de El Paso no tengan que crecer en vecindades”.

américa estúpida, recuerda aquel chicanito
que reprobó matemáticas e inglés
él es el picasso
de tus estados del oeste
pero morirá
con mil piezas maestras
colgando sólo de su mente

“Stupid America,” Lalo Delgado 1969
Translated from English by Selfa Chew
 

     Lalo llegó a ser catedrático de varias Universidades y recibió numerosos premios. Después de su muerte, en el 2004, fue nombrado oficialmente el primer Poeta Laureado de la Ciudad de Denver.

     Otro escritor del Segundo Barrio, Ricardo Sánchez, sufrió la represión en el sistema educacional de varias maneras. Tal vez su paciencia infantil se agotó cuando un profesor Euro-Americano le preguntó qué era lo que haría en el futuro. Ricardo contestó que quería ser escritor. El maestro afirmó entonces que gente como él solo podía aspirar a ser barrendero.

     Ricardo Sánchez le demostró a su maestro y al mundo lo contrario. Su vida fue difícil pero se parece a la de muchas personas de origen mexicano que son víctimas de la represión: dejó la escuela, se incorporó al ejército y estuvo preso en la cárcel en dos ocasiones. La escritura de Ricardo es poderosa porque se origina en su propia experiencia y en su deseo de terminar con el racismo. El escritor recibió en 1969 la Beca de la Frederick Douglas para periodistas. Sánchez realizó la proeza de obtener un doctorado sin haber cursado por entero la preparatoria. Canto y grito mi liberación es uno de sus textos más estudiados. Para publicar sus libros y los de otros Chicanos, Ricardo fundó su propia editorial. En 1996, asistió al encuentro de Poetas del Mundo Latino en la Ciudad de México, pero también viajó continuamente por Europa y Estados Unidos para difundir su poesía y la causa de los Chicanos.

“Nos destruyeron mintiendo a nuestra gente, convenciendo a los Chicanos más viejos que los pachuchos eran un montón de vagos que fumaban marihuana y cocinaban niñitos. Se pintaron retratos malignos de nosotros”.
Ricardo Sánchez, 1971
 

     Si viviera hoy, Ricardo confirmaría que los adinerados continúan produciendo el mismo retrato desfavorable de los habitantes del Segundo Barrio para justificar su demolición.

     La voz de las mujeres del Segundo Barrio también se ha hecho escuchar por su fuerza y amor por la gente. Gloria López-Stafford es una de ellas y escribió sus memorias en 1996 tituladas Un Lugar en El Paso: Mi Niñez como Mexico-Americana. Su libro es un testimonio del afecto y unión que existía entre los pobladores del Segundo Barrio, quienes cuidaron de Gloria cuando su madre falleció. Su infancia transcurrió en los 50s y fue feliz entre travesuras, raspados de sabores, música y juegos. Tanto era su apego a su comunidad que cuando dejó el Segundo Barrio sintió una gran tristeza:

     “Contuve mis lágrimas y me metí al carro entre mis padrinos. En ese momento, no entendí completamente que mi vida con mi padre y María había terminado. Todo lo que escuchaba en mi cabeza era la canción “La Barca de Oro”. Las palabras que escuchaba eran: “adiós para siempre, adiós. (…) Mientras manejábamos hacia las casas de mis padrinos, seguía pensando en el Segundo Barrio. Mi padrino escuchaba un programa de radio que conducía un hombre llamado Jack Benny en KROD. Ese hombre reía y reía y yo no entendía qué le parecía tan gracioso”.

     Pero no solamente los escritores han elevado el nombre del Segundo Barrio en el panorama del arte. Carlos Callejo, por ejemplo, es una luminaria del muralismo. Él también ha dedicado su vida a mejorar su comunidad. Los muros del sur de El Paso despliegan su visión y la de otros pintores. Ellos ensalzan las raíces indígenas y el saber popular acumulado a través de generaciones. Carlos desea pintar los sueños y aspiraciones de los niños, especialmente los Mexico-Americanos, y explica que una de sus tantas imágenes es “de niños en su ambiente único de las vecindades del Segundo Barrio, completando el ciclo de sueño y realidad. Los rostros de los niños fueron sacados de fotos de niños que forman parte del vecindario. El tema del espacio simboliza que detrás de las paredes del Segundo Barrio yace el inmenso conocimiento y cultura que nuestros niños representan”.

     Otras generaciones de artistas tienen sus raíces en el Segundo Barrio a través de sus abuelos. Sergio Troncoso, por ejemplo, cuenta: “mis abuelitos fueron Dolores Rivero y José Rivero. Ella es el personaje principal en mi última historia, “La Abuelita”, que aparece en La Última Tortilla y Otras Historias”. Ricardo Aguilar Melantzón, autor de Que es un soplo la vida, narró la vida de su familia en el Segundo Barrio. Su madre contaba: “se hacían tamales para la casa, para los vecinos y para los compadres, ahora veo que vengo de una familia muy comunitaria, en el verano se hacía la nieve, no sé de dónde conseguía Daddy una nevera, como un barril de esos grandes, le ponía hielos y unas sales y esto era darle vueltas y vueltas hasta que salía una nieve rica como sólo en casa (…)”.

     Y podríamos seguir contando las valiosas vidas que se han llenado de afecto, colores y sabores en el Segundo Barrio. Las mismas que han sido fuente de extraordinarias expresiones culturales. Tenemos la esperanza de que sigan naciendo y creciendo artistas y artesanos en este barrio, semillero de de talento.

Mural, La Fe

 

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